“Derecho a la blasfemia”
La “bomba” gráfica que ha lanzado al mundo el diario de máxima difusión en Dinamarca, Jyllands Posten se produce justo una semana después de que Occidente se deshiciese en advertencias a los integristas de Hamás tras su victoria absoluta en Palestina.
Europa y Estados Unidos, enarbolando su defensa de los derechos humanos, solicitaron a los nuevos líderes un rechazo a la violencia y el respeto a su pueblo enemigo. Sin embargo, pronto han olvidado que las exigencias sólo se sostienen practicando con el ejemplo. Respeto, sensibilidad y cordura son los valores de los que presume el llamado primer mundo, pero una vez más su prepotencia le hace caer estrepitosamente en todo lo contrario. Lo demuestra esta última torpeza mediática que no hace más que aumentar la brecha de la convivencia con el mundo musulmán, y lo agrava, la solidaridad de los países vecinos. A Francia, país de la “liberté, egalité y fraternité”, no le basta con tener a su inmigración en pie de guerra. Todavía quiere más. Lo terrible es que ahora a los franceses, la Declaración Universal de los Derechos Humanos de diciembre del 48 se les queda corta y en las lecciones de defensa de las libertades democráticas, añaden el “derecho a la blasfemia”, tal y como recoge el editorial del diario France Soir, líder en el movimiento europeo de apoyo al polémico Jyllands Posten.
Ante tal revelación jurídica: ¿cómo explicar al mundo islámico hasta dónde puede llegar nuestro derecho a la libertad de expresión?

Aunque igual que el segundo disco en solitario de Najwa Nimri y distintos movimientos de movilización social que airean"may day" en grandes pancartas, sólo estás en un pequeño espacio desde el que lanzar señales de alerta dentro del mar de desafíos que nos acechan y que en ocasiones disimulamos.