El teatro gallego entre deudas y subvenciones
Desde hace una década la Rede Galega de Teatros y Auditorios coordina la programación teatral en los diferentes concellos de Galicia adscritos a este sistema oficial. Pero la existencia de esta fórmula no acalla las denuncias de un sector que demanda un “convenio actoral que normalice la profesión y los alarmantes índices de endeudamiento”.
El tejido articulado hace ya diez años por el Instituto Galego de Artes Escénicas y Musicais (IGAEM) para coordinar la programación teatral en Galicia se concreta en la “Rede Galega de Teatros e Auditorios”. Con ella se buscaba una mayor optimización de los recursos públicos y privados en cuanto a la programación escénico-musical en Galicia. Sin embargo, el logro de un verdadero intercambio autonómico de teatro ha sido, según los integrantes del Foro de Sada, un reto inalcanzado por las instituciones públicas. Este colectivo, que desde hace seis años analiza en profundidad la situación en la que vive el teatro gallego para así emitir informes, está integrado por destacados profesionales del sector como Eduardo Alonso propietario de la Sala Yago de Santiago o el actor y escenográfo Xulio Lago. Ambos coinciden en señalar una “terrorífica inflación de espectáculos sen criterios” dentro de los circuitos actuales de programación dramática que operan en los 43 concellos incorporados a la Rede.

Por su parte, la Asociación de Compañías de Teatro Profesional Gallego, que actualmente agrupa a 17 compañías teatrales, califica a las las subvenciones como “la doenza endémica” que sufre el teatro en Galicia. Quejas históricas que nos retraen al año 1975 cuando destacados autores españoles analizaban la política teatral en la transición. Antonio Gala, expresaban la necesidad de que se consolidase en España “un teatro independiente como crisol de nuevos hombres de teatro y que representara las nuevas tendencias reales del momento; imponerlas desde arriba es lo que ha sido terrible”. Por su parte, el dramaturgo Fermín Cabal aseguraba que “el sistema de subvenciones es, evidentemente, un mecanismo de poder. Es mas sutil que la censura, que corresponde a un proceso traumático, pero está claro que forma parte del mismo sistema…” (Boletín ACEE, 7/01/1992)
Con este diagnóstico se pone en tela de juicio la operatividad de un sistema que actualmente funciona a través de dos vías de difusión fundamentales: la oficial y la alternativa.
Mientras que la Xunta de Galicia impulsa la Rede de Teatros y Auditorios como instrumento oficial de su política cultural, el Ministerio de Cultura, a través del Instituto Nacional de las Artes Escénicas y la Música, abandera la Red de Teatros Alternativos. Una iniciativa de la que forman parte cuatro salas gallegas: la salas, Nasa, Yago, y Galán en Santiago de Compostela y el Teatro Ensalle en Vigo.
Las entidades organizadoras deben elegir una de estas dos opciones para programar su cartel teatral de temporada, ya que una excluye a la otra.
La otra vía es la Red de teatros Alternativos, un circuito por las salas alternativas españolas. Las compañías de teatro harán su gira con las subvenciones que, en su caso, les conceda el Ministerio de Cultura a través del Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música.
Desde su aparición en el panorama teatral, a finales de los años ochenta y principios de los noventa, las salas se han ido consolidando como espacios de creación, producción y exhibición artística. Además dentro de este espacio llamado “alternativo” también se enmarcan servicios formativos como talleres, conferencias, lecturas dramatizadas u organización de festivales.
Esta opción, ha sido considerada por el escritor gallego y autor de Zardigot, Euloxio Ruibal como “la única forma de buscar novas linguaxes e abandonar ese espazo de teatro acomodado e sen compromiso”.

Aunque igual que el segundo disco en solitario de Najwa Nimri y distintos movimientos de movilización social que airean"may day" en grandes pancartas, sólo estás en un pequeño espacio desde el que lanzar señales de alerta dentro del mar de desafíos que nos acechan y que en ocasiones disimulamos.