¿Existe alguna razón en el mundo para hacerle la vida más difícil a un minusválido?

Ésta es la pregunta que me planteo al encontrarme, una vez más, con noticias como la titulada por la Voz de Galicia, el miércoles 23 de noviembre"La plataforma de la discordia". Un episodio de esos que nadie entiende pero ocurren.
Se trata de una disputa vecinal por la instalación de una rampa para que Avelino García, una sarriano de 74 años, enfermo del mal de Alzhèimer y que sufre un 80% de inmovilidad superior, pueda simplemente acceder a su casa. Un segundo piso sin ascensor en el barrio de O Mazadoiro. Ante la imposibilidad de subir por las escaleras, habilitó una ventana como puerta a la que podía llegar a través de una rampa elevadora. Añadimos que esta ventana dista aproximadamente un metro y medio del suelo. Para ello solicitó un permiso al ayuntamiento, ya que la rampa ocupa suelo público. Lo obtuvo. Le concedieron un permiso como los que otorgan a las terrazas de los bares. ¿Pero saben dónde vive actualmente Avelino?. En su casa no. Vive en una residencia de ancianos próxima a su domicilio. El pasado año le desmontaron la rampa como consecuencia de la denuncia de un vecino al que le molestaba que esta instalación ocupase suelo público. La calle era de poco tránsito, pero dio igual. Quizás si en lugar de una rampa, un bar hubiese sacado a la calle su terraza, el vecino sería el primero en disfrutarla. Y además estaría satisfecho porque su calle se ha ajustado estrictamente al objeto de los permisos municipales. A mí, sin embargo, se me atragantarían las cervezas en una terraza como esa.

Aunque igual que el segundo disco en solitario de Najwa Nimri y distintos movimientos de movilización social que airean"may day" en grandes pancartas, sólo estás en un pequeño espacio desde el que lanzar señales de alerta dentro del mar de desafíos que nos acechan y que en ocasiones disimulamos.