
Anoche disfruté con un programa de nuestra tele, sí esa que a partir de las cuatro de la tarde no se puede ver, a no ser que te pirre el cotilleo y las telenovelas. Sin esperármelo pasé del Loco de la colina a La Dos y zas! me topé con una escenografía sin excesos, dinámica, colorista, favorecedora. Mientras percibía estas sensaciones escuchaba a un compositor de música, a la sobrina de Federico García Lorca, al paleontólogo Juan Luis Arsuaga y a otras personas cargadas de cosas verdaderamente interesantes que contar. Lo echaba de menos, pero no me di cuenta de cuanto hasta anoche. En ese momento me fijé en el nombre del programa para no perderlo de vista. Se llama Carta Blanca y pensé: menos mal que todavía subsiste una tele en la que si te dan carta blanca para hacer un programa puedes hacer algo excepcional, sin selvas de famosos, sin platós llenos de figurantes teledirigidos en el público, sin invitados frikies que cuentan estupideces por dinero o fama, en fin sin todo aquéllo que le hace falta a un formato en el que lo único que importa es facturar. Menos mal!
servido por mayday
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Da la talla

Mucho se ha arriesgado esta vez Spielberg con su última reinterpretación histórica. Dentro de esa doble personalidad, que exhibe en una filmografía llena de luces y sombras, el director norteamericano sacude a la cartelera con una oportuna Munich. La película, inspirada en el libro escrito por un periodista canadiense en colaboración con un ex agente del servicio de inteligencia israelí (el Mossad), nos lleva a 1972 cuando el grupo terrorista palestino Septiembre Negro atenta en los juegos olímpicos de Munich contra once atletas judíos que participaban en la competición.
A partir de este suceso, espectacularmente reconstruido en las primeras escenas, Munich se convierte en un viaje, a golpe de sangrientos atentados, por las ciudades a las que viaja un equipo del Mossad con la misión de asesinar a los autores intelectuales de la matanza palestina.
El grupo está liderado por un joven judío llamado Avner, muy logrado por el actor australiano Eric Bana. Es el único del que conocemos su amable historia personal: enamorado de su mujer y a punto de ser padre. Él y sus hombres se deben a la causa y representan las distintas formas de entender y asumir el conflicto en función de la personalidad de cada uno de los miembros. El duro, el veterano o el entrañable, son papeles de los que se sirve Spielberg para no dejar ningún sentimiento en el tintero. Y es que la historia está dirigida a remover conciencias. Esta vez, el director judío, que ha conseguido disimular sus creencias casi a la perfección, aunque en Israel le hayan puesto “de vuelta y media”, no va más allá de la reflexión sobre el uso de la violencia. En Munich, no hay respuestas a los interrogantes históricos. Tampoco se presenta como un desahogo de corte político. Sencillamente se sirve de los mejores efectos especiales del cine para recrear una brutal cadena de atentados que mantienen la tensión y demuestran la incongruencia. El momento brillante llega con la coincidencia en un piso franco de activistas de diferentes organizaciones terroristas. Aquí se produce un diálogo crucial entre uno de los terroristas palestinos y Avner, que se ve obligado a ocultar su identidad. La convicción de luchar hasta la muerte por defender cada uno sus causas les hace iguales. Ésta es la única aspiración de una trama bien llevada con personajes imprescindibles como el del informador (Ali), interpretado por Omar Metwally.
Pero en la película no es todo evidente. Spielberg también hace guiños con la imagen, los titubeantes movimientos de cámara en continúa búsqueda de realismo y las localizaciones impecables que alcanzan su máxima en la brutal llegada a Beirut.
servido por mayday
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Comeza a conta atrás para a 78 edición dos Oscar de Hollywood e a película que lidera as nominacións é "Brokeback Mountain", do taiwanés Ang Lee. Nada máis e nada menos que oito posibles estatuas douradas en oito categorías: mellor director, mellor actor (Heath Ledger), mellor actor secundario (Jake Gyllengaal) e mellor actriz secundaria (Michelle Williams). Pero isto non é todo, tamén ganou seis Globos de Oro.
Con referencias como estas, un vai ao cine con todas as expectativas de ver o peliculón, pero non sería o primeiro caso no que te levas un chasco.
Certo é que non estamos acostumados a que a parella estelar das longametraxes sexan do mesmo sexo e iso precisamente é o que explota a película revelación do ano para os norteamericanos.
Fraco favor faille Ang Lee aos que consideramos que as relacións homosexuais deberían ir formando parte xa da normalidade, sen facer delas reclamos cinematográficos o musicais ao máis puro estilo “Tatoo” (lembrarán a aquelas dous colexialas aparentemente lesbianas que aproveitaron esta condición sexual para chamar a atención en Eurovisión).
Brokeback Mountain, ao longo dos 134 minutos de duración, cabalga con lentitude polos sesenta para amosar os perores prexuícios cara a homosexualidade que están máis que vixentes no presente. Chega a todos os extremos ata o desenlace co que busca a sacudida final do espectador. Aí temos o clímax dunha acción que non sorprende no seu fio argumental: dous homes duros e por suposto “sexys” viven o seu amor en segredo mentres a súa vida políticamente correcta segue o seu curso.
A trama é sinxela polo que o distintivo de calidade podería estar ne seu enfoque e como a encarnan os perxonaxes. Pero aquí volven os tópicos aos que ademais nada acompaña a dobraxe.
Sinto que a Académia de cine norteamericana deixe sen premio aos marabillosos paraxes naturais que consegue a única categoría de Brokeback Mountain á que lle daría un óscar: a fotografía
servido por mayday
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